Estudio el PIR y no me entienden

Estudio el PIR 15/01/2018

“Es que mis padres no me entienden!”, seguramente la frase más repetida por los adolescentes de todo el mundo, por los adolescentes, y por los opositores… y en concreto por los Perseverantes[i]. Una frase extrapolable a “mi pareja, mis amigos, mis abuelos, mis primos, mis compañeros del gimnasio, mis vecinos, mis contactos de los grupos de Whatsapp… no me entienden”.

 Un día se descubre qué es el PIR, y se empieza a caminar hacia él.

Un día se descubre qué es el PIR, y se empieza a caminar hacia él.

Y es que, ¿acaso es fácil de entender esto del “PIR”? Un Perseverante tendrá que explicar una media de 20 veces al año qué es el PIR, datos que se relacionan positivamente con el número de convocatorias acumuladas y el nivel de interacción social y familiar durante los meses de estudio (pasando de una vez a la semana en agosto a “no acude, no avisa” en enero)[ii].

Será una de las experiencias más enriquecedoras de sus vidas, desde que empezaron a soñar hasta que se vistan con bata blanca

Además, la explicación en si no es nada sencilla, todos los Perseverantes acaban generando su propia versión de los hechos, incluso se sabe que algunos de ellos crean versiones diferentes según nivel de comprensión del interlocutor, algo que demuestra la flexibilidad cognitiva del Perseverante. Para facilitar la tarea adjuntamos árbol de decisiones especial para “Eventos familiares”. Algo que, desafortunadamente, no solo se usará durante los años de estudio, si no que se hará durante los años de residencia, cuando ya se sea adjunto y se espera que suceda también en la jubilación, aunque para tener más datos habrá que esperar… el PIR solo tiene 25 años de vida.

Pero, ¿para qué engañarse?, cuando un estudiante de psicología escucha por primera vez la palabra PIR, con suerte en los primeros años de carrera, también se queda con la misma cara y algunos apasionados de la clínica hacen un escrutinio exhaustivo de toda la información que hay del mundo PIR (probablemente llegando al foro más famoso del lugar que causa amores y odios a partes iguales).

Algunos no llegan a esto, cuando oyen lo de “poco más de 100 plazas para 4000 presentados”, “hay gente que lleva 10 años estudiando y aún no se lo ha sacado”, “Fulanita con lo lista que era y no tuvo plaza” se echan para atrás y buscan otras vías. Pero otros, como si les hubieran dicho la típica frase de “venga, ¿a qué no hay narices?” les sirve como revulsivo y ven su futuro con bata blanca, haciendo clínica, codeándose con psiquiatras al mismo nivel que ellos y llevando con orgullo esas tres letras en el pecho P.I.R.

Y así es como un día se descubre qué es el PIR, y se empieza a caminar hacia él. Se sueña con trabajar en un hospital, en todas sus áreas posibles, pasando pruebas, tratando pacientes, acompañando familiares, haciendo grupos, coordinando casos, investigando… Se asPIRa a formarse durante 4 años con los mejores clínicos del país (sí esos que aparecen en los libros), en la pública, luchando contra las tijeras de los recortes y potenciando los tratamientos con evidencia que tanto se estudian, para que lleguen a todos, y además siendo pagado por hacerlo.

Pero eso tiene un coste, a veces más elevado de lo que parece en un inicio: estudio a jornada completa, festivos hipotecados, planes aplazados, un temario abierto que nunca se puede controlar del todo… y sabiendo que por mucho que se estudie no se puede garantizar plaza. A la mayoría les toca reponerse, ser como el ave Fénix y resurgir de las cenizas de un examen muy bueno, pero no suficiente, y volver a ponerse a estudiar.

Así que para aquellos que les cuesta comprender que su amigo ahora tiene un trabajo no remunerado que le quita más tiempo que los trabajos de verdad, se les pide que tengan paciencia, que les digan que les echan de menos pero que febrero llega para todos y hay que celebrarlo, y no precisamente porqué sea San Valentín, si no porqué se ha hecho un esfuerzo titánico y hay que recompensarlo con una buena fiesta.

Y a aquellos familiares de Perseverantes, más cercanos, o de visita de una vez al año, se les pide que apoyen sus retos, comprendan su histeria tras las Navidades, valoren su esfuerzo, sea cual sea el resultado, y no se les hinche a recaditos, que están en casa con la batamanta pero ¡para trabajar duro!

Y las parejas, ¡santas parejas!, son el paño de lágrimas, después de un mal simulacro; el saco de boxeo, después de un día de poca concentración; el escudo protector, ante los miedos cuando se acerca el examen… pero también son los que sueñan con ellos y los primeros a compartir la alegría de tener plaza, y oye, ¡que muy pocos pueden decir que duermen con un PIR!

En definitiva, es difícil comprender qué es y qué se vive siendo PIR, pero también los estudiantes deben tener paciencia, ya un día descubrieron el PIR, se enamoraron y quisieron saber todo de él, pero el resto desconoce siquiera el papel del psicólogo clínico, así que hay que hacer un ejercicio de empatía mutua, y aprovechar para hacer un poco de psicoeducación sobre la profesión, ¡que nunca viene mal!

El camino hacia el PIR suele ser largo y complicado, con subidas y bajadas, con caídas y retornos a la marcha, con momentos de sprint y otros de paseo, con avituallamientos, con compañeros y amigos, pero en definitiva un maratón que se corre solo. Y en este momento los que han empezado a caminar aún no lo saben, pero será una de las experiencias más enriquecedoras de sus vidas, desde que empezaron a soñar hasta que se vistan con bata blanca, y este crecimiento, más que todos los libros estudiados, es el que les ayudará a poder hacer la vida de otras personas un poquito mejor.


[i] Dícese del graduado o licenciado en psicología que ama la clínica hasta el infinito y más allá y que se enfrenta al mayor de reto de su vida, hacer el mejor examen de su historia para llegar a ser psicólogo interno residente, una hazaña que solo consiguen el 3% de ellos cada año.

[ii] Datos no contrastados científicamente, con una p>0.05

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