Recta final: ¿Qué dieta es la mejor?
La dieta para el PIR 16/01/2018Mens sana in corpore sano. Una frase que hemos oído hasta la saciedad, pero que en una época como la que estáis viviendo ahora es fundamental. Los candidatos al PIR suelen centrarse en acabar los resúmenes, en memorizar todas las reglas mnemotécnicas preparadas durante todo el curso y es común que se olviden de la alimentación. Sin darse cuenta, se puede ver como la creatividad a la hora de prepararse la fiambrera baja considerablemente abusando de comida rápida y poco equilibrada que repercute en el rendimiento físico y cognitivo.
Lo ideal es encontrar el equilibrio y tener una alimentación sana, equilibrada y completa
En estas circunstancias hay varias posibilidades que pueden surgir en el comportamiento de los opositores: encerrarse en la habitación delante de los libros y olvidarse de comer, no comer prácticamente nada porque se les “cierra el estómago” con los nervios, darles por comer más de lo normal y, por último, los que picotean constantemente comida de alto valor calórico.
Un gran aliado siempre serán los hidratos de carbono
Lo ideal es encontrar el equilibrio y tener una alimentación sana, equilibrada y completa y, aunque pensemos que nos puede comportar un sobreesfuerzo, será básico para nuestro rendimiento.
Uno de los consejos, si vamos a la biblioteca, es preparar la comida y los tentempiés que ingeriremos durante el día y, si nos quedamos en casa, saber que disponemos en nevera lo necesario para las cinco comidas diarias recomendadas antes de empezar la semana. Comenzar el día con un buen desayuno basado en proteínas e hidratos de carbono es básico. Las comidas principales del día (comida y cena) deben ser completas pero no pesadas, para facilitar la digestión y conseguir un sueño reparador. La clave es augmentar la ingesta de vitaminas (espárragos, plátanos, judías verdes), fósforo (quesos curados, sardinas, huevo), zinc (avellanas, almendras, crustáceos), potasio (patata, aguacate, espinacas), calcio (iogures, garbanzos, pistachos) y magnesio (pipas de girasol, cacahuetes, chocolate negro) para así mejorar la calidad de la alimentación.
Un gran aliado siempre serán los hidratos de carbono, ya que influyen directamente en un incremento de la capacidad de concentración, memoria y rendimiento intelectual. Sin olvidar los líquidos – dos o tres litros al día -, especialmente agua y aguas infusionadas o zumos, evitando las bebidas azucaras y, evidentemente, el alcohol. Es importante tomar conciencia sobre las bebidas con cafeína pues, aunque puedan ser de ayuda en algunas horas de la mañana, no se debe abusar ya que podrían generar sensación de malestar físico y un peor rendimiento intelectual.
El día del examen aprovechad para hacer un buen desayuno, rico en hidratos de carbono, y una comida liviana y nutritiva, preparad un tentempié por si el hambre aprieta durante el examen… ¡y demostrad todo lo que habéis perseverado!